Desde el llanto de un bebé hasta la alegría desbordante de un niño bailando; las emociones forman parte esencial del desarrollo infantil. Aprender a reconocerlas, expresarlas y regularlas es un proceso que comienza desde los primeros meses de vida. Y en ese camino, la música puede convertirse en una poderosa aliada.

La música no solo entretiene: activa zonas del cerebro relacionadas con la emoción; la memoria y la conducta, ayudando a los niños a calmarse, a motivarse; y a expresar lo que aún no pueden decir con palabras. A continuación, te contamos cómo puedes usarla en casa, según la edad de tu hijo, para fomentar su bienestar emocional.

 Música y emociones en los niños

En bebés (0 a 12 meses): calma, conexión y seguridad

Durante el primer año, los bebés aún no comprenden sus emociones, pero sí las sienten con intensidad. Aquí, la música actúa como un regulador natural del estado emocional.

  • Usa rondas y canciones suaves para calmarlo cuando esté irritable o antes de dormir.
  • Repite canciones asociadas a momentos positivos (como el baño o el arrullo) para crear seguridad a través de la rutina.
  • Cántale con tu voz: el tono emocional que uses transmite calma más allá de la letra.

Un estudio de la Universidad de Montreal; reveló que los bebés permanecen calmados durante más tiempo al escuchar canciones; que al escuchar solo palabras habladas.

 En niños de 1 a 3 años: expresión emocional y movimiento

En esta etapa, los niños comienzan a expresar emociones básicas como alegría, rabia o miedo; pero aún no saben regularlas solos.

  • Canciones con movimientos (como “Si estás feliz aplaude así”) ayudan a identificar y exteriorizar emociones de forma lúdica.
  • Juegos de cambio de ritmo o volumen; permiten que el niño reconozca y gestione estados como la excitación o la calma.
  • Música relajante o con sonidos naturales; puede ayudar durante las rabietas o momentos de transición (por ejemplo, pasar del juego al sueño).

En niños de 4 a 7 años: autorregulación y creatividad emocional

A esta edad, los niños pueden identificar sus emociones con mayor claridad; y la música se convierte en una vía para reflexionar, calmarse o motivarse.

  • Crea una “caja emocional musical”: una pequeña lista de canciones para diferentes estados emocionales: alegría, tristeza, energía, relajación.
  • Enséñale a elegir qué escuchar según cómo se siente.
  •  Invítalo a componer su propia canción de la calma: puede incluir palabras, sonidos y gestos que lo tranquilicen.
  •  Usa la música como puente para hablar de emociones: después de una canción; pregúntale cómo cree que se siente el personaje o qué le hace sentir a él.

Escuchar música que coincide con el estado emocional de un niño (por ejemplo, música alegre cuando está feliz) fortalece su capacidad de identificar emociones. En cambio, oír música con emociones opuestas (como música suave cuando está enojado) ayuda a regularlas.

Usar la música como recurso emocional en la infancia no solo estimula el desarrollo cerebral y emocional; sino que también fortalece el vínculo afectivo entre padres e hijos. Es una forma sencilla, cercana y poderosa de decirle a tu hijo: “Estoy aquí, te veo, te escucho; y podemos regular esto juntos”.

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